viernes, abril 20, 2007

domingo, abril 08, 2007

Nostalgias de Atenas


REGRESO

Regresando
para hallar algunos pensamientos.
Palabras que no pensé decirte.
Tardes de silencio en la avenida.
Regresando con un billete de tren
para ver el mundo.
Sé que en su lugar encontraré
religiosamente los objetos de la separación.
El regreso al lugar de mi partida.
No habrá en mis manos sin embargo
ninguna materia de rostros
y de últimos momentos.
Imágenes de los sollozos.
Y cierta mínima ceniza de la vida.
Como una pena inútil.

Naná Isaía(Grecia, 1934-2003)


Imagen: Estación de El Pireo, Atenas

domingo, abril 01, 2007

¿Destinados al olvido?


¿DESTINADOS AL OLVIDO?


Álvaro Mutis habla lentamente.
Una entrevista en un canal hispano.
Me interesa el desgaste de las cosas.
Me interesa el desgaste de los héroes.
El tono coloquial hace posible
estas palabras: somos destinados
al olvido. A olvidar
y a que nos olviden.
Y así está bien.
Necesito salir. Llueve en el campus.
Llego al sencillo banco de madera
donado por aquellos que te amaron.
Otra vez leo la inscripción pequeña
como tarjeta de visita en bronce:
In loving memory
En memoria de Justin A. Colonna
Son, brother & friend
Feb, 16, 1976- Dec, 8, 1999.
Leo tu claro nombre de italiano
patricio en este extremo de occidente,
mientras octubre se concreta en húmedas
hojas caídas sobre el banco donde
se habrán sentado tantos estudiantes.
Me viene al corazón el verso homérico
que compara a los hombres con las hojas.
También, nos aseguran los biólogos,
constituye el otoño una segunda
primavera. Es probable que se cumplan
las palabras de un padre de la Iglesia
que afirmó <<todo en la naturaleza
nos anticipa la resurrección>>.
Por si acaso, escribimos, por si es cierto.
Por si el olvido fuera un episodio
provisional en nuestro largo viaje.
En medio de esta lluvia quién sabría
si somos destinados al olvido.
Tengo en cuenta el amor, el bronce, el breve
número de tus años y comprendo
que a mí, que no sé nada de tus días,
me corresponde ahora recordarte.


Juan Antonio González-Iglesias. Del libro Eros es más (Ed. Visor)


Imagen: "Paseo en Pompeya", agosto de 2006.

miércoles, marzo 28, 2007

Regálame Berlín


Regálame Berlín


¿Quién ha dicho
que se pueden regalar
los recuerdos?

Y el olor del mar

Regálame Berlín
y una princesa azteca

y la lluvia
y un nombre

Regálame mi infancia

y un cristal azul
donde romperme.


Inma Chacón, del libro Alas (ed. Ellago)

Imagen: Vista de Berlín. Fotografía tomada el 4 de agosto de 2005.

domingo, marzo 25, 2007

Νοσταλγίες της Αθήνας (Nostalgias de Atenas)


Echar de menos ese olor a especias de la calle Athinás y Evripidou posado en el viento a cada instante, aunque sus tiendas entén cerradas y dormidas en el sueño de la tarde...
Imagen: Calle Athinás con Evripidou, hace muchos años, mucho antes de que yo estuviera.
Suena una canción que me recuerda a esta calle, que huele como ella:

viernes, marzo 23, 2007

María Nefeli


Y María Nefeli:

...porque lloro aún a escondidas
me agarro aún a los sueños
de los tiempos oscuros del cielo
tanto que si me abrazas en ese instante
te tiznarías de estrellas...

Odysseas Elytis: María Nefeli

Imagen: "El sueño de los amantes", de Marc Chagall.


domingo, marzo 18, 2007

Paseo de los Tristes


...Y yo, coleccionista de diciembres helados,
hombre sin luz,
en la desesperada embriaguez del recuerdo,
abatido en las aguas que no cesan de madrugar,
también me siento triste, extenuado,
y siento demasiada torpeza en estos pasos
o quizá demasiado dominio en este viento
que invade el corazón
y demasiada soledad sin duda.

Javier Egea


Imagen: Tejados de Granada desde el Paseo de los Tristes. Agosto de 2004.

jueves, marzo 15, 2007

Multitud


Soy lo que falta
del mundo donde vivo,
al que entre todos
nunca encontraré.

Valerio Magrelli



Imagen: "Street crossing", de George Segal

domingo, marzo 11, 2007

11-M


EL VIAJERO


Cuando regreses,

sabrás que arrancaron la voz y la piel a mi ciudad,

su huella de luz,

el sol que amanecía.

Te contarán que hubo trenes que atravesaron el humo

y esta memoria extraña de la muerte

alumbrando el andén alrededor del día.


Cuando regreses,

no mires el espanto, las estatuas heridas,

el silencio tembloroso

de una mañana rota, perdida entre la lluvia.


Todo eso te mirará a ti, pidiéndote palabras.


Regresa aquí, viajero,

renace esta ciudad con tu presencia,

puebla de amapolas los andenes y borra esta ceniza.

Ámala como antes.

Madrid era un día donde yo te esperaba...


M.L.V


sábado, marzo 03, 2007

Ostende


Deseo extraño
de ver, con luz de invierno,
la primavera.


José Cereijo



Imagen: Costa de Ostende, Bélgica. Abril de 2004.

viernes, marzo 02, 2007

El mar


Trasporto los siglos que me mecieron en su silencio
en esos tiempos en que la mar servía para medir el mundo.


María Lampadaridou-Pothou



Imagen: "Isla de Ítaca", fotografía tomada en agosto de 2006.


miércoles, febrero 28, 2007


EL PUENTE


Si me dicen que estás al otro lado
de un puente, por extraño que parezca
que estés al otro lado y que me esperes,
yo cruzaré ese puente.
Dime cuál es el puente que separa
tu vida de la mía,
en qué hora negra, en qué ciudad lluviosa,
en qué mundo sin luz está ese puente,
y yo lo cruzaré.

Amalia Bautista


Imagen: Fotograma de "La chica del puente"

martes, febrero 27, 2007

Uma voz na pedra


Uma Voz na Pedra


Não sei se respondo ou se pergunto.
Sou uma voz que nasceu na penumbra do vazio.
Estou um pouco ébria e estou crescendo numa pedra.
Não tenho a sabedoria do mel ou a do vinho.
De súbito ergo-me como uma torre de sombra fulgurante.
A minha ebriedade é a da sede e a da chama.
Com esta pequena centelha quero incendiar o silêncio.
O que eu amo não sei. Amo em total abandono.
Sinto a minha boca dentro das árvores e de uma oculta nascente.
Indecisa e ardente, algo ainda não é flor em mim.
Não estou perdida, estou entre o vento e o olvido.
Quero conhecer a minha nudez e ser o azul da presença.
Não sou a destruição cega nem a esperança impossível.
Sou alguém que espera ser aberto por uma palavra.


António Ramos Rosa


Imagen: "Estatua romana", fotografía tomada en Berlín. Agosto de 2005.

domingo, febrero 25, 2007

Muchacha de azul leyendo una carta

Siento que era esto lo que ella sentía mientras leía esa carta...


Yo sé que por alguna causa que no conozco estás de viaje,
un océano más poderoso que la noche te lleva entre sus manos
como una flor dispersa.
Tu retrato me mira desde donde no estás,
desde donde no te conozco ni te comprendo.
Allí donde todo es mentira dejas tus ojos para mirarme.
Deposita entonces en mí algunas de esas flores que te han dado,
alguna de esas lágrimas que cierta noche guiaron mis ojos al
amanecer;
también en mí hay algo tuyo que no puede ver nadie.
Yo sé que por alguna causa que no conozco te has ido de viaje,
y es como si nunca hubieras estado aquí,
como si sólo fueras -tan pronto- uno de esos cuentos que alguna
vieja criada
me contó en la cocina de pequeño.
Mienten las cosas que hablan de ti
tu rostro último me mintió al inclinarme sobre él,
porque no eras tú y yo sólo abrazaba aquello que el infinito retiraba
poco a poco, como cae a veces el telón en el teatro,
y algunos espectadores no comprendemos que la función ha
terminado
y es necesario salir a la noche lluviosa.
Más acá de esas aguas oscuras que golpean las costas de los
hombres,
estoy yo hablando de ti como de una historia
que tampoco conozco.

José Carlos Becerra
Imagen: "Muchacha de azul leyendo una carta", de Vermeer.

jueves, febrero 22, 2007

En las grutas del mar


EN LAS GRUTAS DEL MAR
En las grutas del mar
hay una sed, hay un amor,
hay un embeleso,
sustancias sólidas todo como las conchas
que puedes tenerlas en tu mano.

En las grutas del mar
te miraba a los ojos días enteros:
yo no te conocía ni tú me conocías.

Georgios Seferis


martes, febrero 20, 2007

El astrónomo


CUANDO ESCUCHÉ AL DOCTO ASTRÓNOMO


Cuando escuché al docto astrónomo,

cuando me presentaron en columnas

las pruebas y guarismos,

cuando me mostraron las tablas y diagramas

para medir, sumar y dividir,

cuando escuché al astrónomo discurrir

con gran aplauso de la sala,

qué pronto me sentí inexplicablemente

hastiado,

hasta que me escabullí de mi asiento y

me fui a caminar solo,

en el húmedo y místico aire nocturno,

mirando de rato en rato,

en silencio perfecto a las estrellas.


Walt Whitman
Imagen: Portada del cuento "El astrónomo", basado en el poema de Walt Whitman.
Palabras para la ternura y el silencio...

domingo, febrero 11, 2007

Taneda Santôka y Oskar Kokoschka


¿Qué pretendo encontrar
internándome en el viento?

Taneda Santôka


Imagen: "La novia del viento" de Oskar Kokoschka

jueves, febrero 08, 2007

Decalcomania


Sombras y sombreros...

Imagen: "Decalcomania" de René Magritte

Paseo nocturno


Paseo nocturno por Madrid...

(28 de enero de 2007)


Suena: Tercera sinfonía (Op. 36) de Górecki.

Sola en casa


Sola en casa

Ya sólo soy fragmentos, piezas sueltas de mí,
pero no soy la mano que me une.
En la pantalla el mundo
me grita cuarteado,
feliz, amargamente,
cítricamente luminoso
con su necia alegría de refresco.
Sólo soy mis fisuras.
También el mundo es sólo sus fisuras.


Aurora Luque


Imagen: Edward Hopper.

miércoles, febrero 07, 2007

Lectura de Ana Gorría


Ana Gorría leerá sus poemas hoy, 7 de febrero de 2007, en los "Encuentros poéticos" del Colegio Mayor Isabel de España a las 20:30.

Colegio Mayor Isabel de España
c/ Ramón Menéndez Pidal,5 (Ciudad Universitaria).
Madrid.


El miedo es vertical

La habitación emerge con la inercia
del alba acostumbrada a sus retornos.

Agostada su luz, tiembla en los ojos
la empresa derrotada y la ceguera.

El miedo, imán del frío,
precipita la vida y la contiene.


Ana Gorría, de su libro Araña (El Gaviero, 2005)

lunes, febrero 05, 2007

Um adeus


Depois de traduzir Hélène Dorion

Amar o universo não me traz mágoa.
Sobretudo,amar a areia
arrebata-me de júbilo e paixão.Amar o mar
completa a minha vida
com o tacto de um amor imenso.
Mas veio o vento e,por momentos,
amargurou o meu corpo,a oscilar.
E está o Sol aqui,depois de uns dias
com o jardim obscurecido a beber sombra.
E sei que os átomos zumbem
e dançam como os insectos,
ébrios em redor do pólen.


Fiama Hasse Pais Brandão (Lisboa 1938, Lisboa 2007)


Suena: http://www.youtube.com/watch?v=OpExb2hCYTs


Para sempre...

viernes, febrero 02, 2007

José Cereijo


LOS BRAZOS

Cuando seas feliz, cuando todas las cosas
estén a tu favor, y tu vida se vuelva
un lugar habitable, no te acuerdes de mí.
Pero si alguna vez sintieras que la carga
te pesa demasiado; si ya no puedes más,
y empiezas a dudar de ti misma y de todo,
recuerda que hubo alguien que alguna vez te amó
y que hubiese querido, si le fuera posible,
aliviarte esa carga. Y piensa en esos brazos
ya impalpables, aéreos, y que ya no sabrían
hacerte daño alguno.
Y un momento, si puedes,
abandónate en ellos, por favor, y descansa.


José Cereijo

Música para sueños, Pre-Textos, 2007.

martes, enero 30, 2007

Autunno


Otoño

Otoño manso, yo me poseo
e inclino a tus aguas por beber el cielo,
fuga suave de árboles y abismos.
Aspera pena de nacer
me encuentra a ti unido;
y en ti me desgarro y resano

pobre cosa caída
que la tierra recoge.


Salvatore Quasimodo

miércoles, enero 24, 2007

José Agostinho Baptista


AGONÍA

Tal vez el caos,
el cuarto abandonado, el fardo de la agonía,
tal vez el vaso astillado entre los dientes,
la pluma que escribe en extraña lengua de
ceguera y pavor,
tal vez todo eso sea digno de ti o de esta
pena que hace aquí su abrigo y me acompaña
últimamente
por los días que vendrán como un animal
herido,el águila, el antílope, la noche,
la noche que ya no contiene el deseo, el
aliento,nada que pueda ser dicho o hecho,
la noche de mis manos frías, agarradas
a la garganta,
a sus gritos que se vuelven hacia dentro,
hacia las hogueras sangrientas del amor.

José Agostinho Baptista

lunes, enero 15, 2007

Estambul. Ciudad y recuerdos


...Como es algo que no tiene un momento de transparencia y, por tanto, encubre la realidad, y como además nos permite vivir con más comodidad, comparemos esta amargura con el vaho que se acumula en una ventana bajo la que hierve una tetera un frío día de invierno. He escogido este ejemplo porque las ventanas cubiertas de vaho me provocan amargura. Todavía me sigue gustando mucho mirarlas para después levantarme y escribir o dibujar algo en el cristal. Porque hablar de la amargura también tiene eso de bueno. Al escribir o dibujar en el cristal, se me disipa la pena, me divierto, y cuando acabo de escribir y pintarrajear, limpio el cristal y puedo ver el paisaje que hay detrás. Pero el paisaje también acaba resultándome amargo. Es necesario entender un poco más ese sentimiento que toda la ciudad parece compartir como un destino común.


Orhan Pamuk (Estambul. Ciudad y recuerdos)

lunes, diciembre 25, 2006

Cuestión de lógica


Para mí esto es lo lógico.


Imagen: "La reproduction interdite" ("La reproducción prohibida"), de René Magritte

sábado, diciembre 16, 2006


Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío.

Clarice Lispector (Un soplo de vida)

domingo, diciembre 03, 2006

El museo imaginario


Nuestra sensibilidad por la estatua mutilada, por el bronce de las excavaciones arqueológicas, es reveladora. No coleccionamos ni los bajorrelieves borrosos ni las oxidaciones; no es la presencia de la muerte lo que nos retiene sino la de la supervivencia.

André Malraux (El museo imaginario)

miércoles, noviembre 29, 2006

Los hijos del vidriero


Vivían en un pueblo viejo y pobre que ya no existe, llamado Nöda, en Diseberga, región en la que las nieblas son frecuentes. Albert, el vidriero, había nacido en un lugar cercano, pero su esposa procedía del norte, se llamaba Sofía y era en verdad bonita como una rosa. A sus hijos les pusieron los nombres de Klas y Klara. Klas en sueco significa cristal y el de Klara llevaba claridad a sus pensamientos. Albert era muy pobre, aunque la casita donde vivía y el taller en que trabajaba eran suyos. Era una casita pequeñísima. Todo el lado de una pared lo llenaba un sofá y un antiguo reloj. Al otro lado de la habitación había una cómoda y una alacena y en el centro, frente a la ventana, una mesa. Albert y Sofía dormían en el sofá y los niños en los cajones de la cómoda.

María Gripe: "Los hijos del vidriero".

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Fue uno de mis primeros libros leídos en la infancia...

sábado, noviembre 25, 2006

Nikiforos Vrettakos (Grecia, 1912-1991)


EXALTACIÓN

Mi alma como el cielo, como el océano, como el mar,
se desata esta noche en el infinito, sin encontrar descanso.
Rompió e hizo saltar los lazos a su alrededor
mi alma cálida como el cielo, como el océano, como el mar.

Como una galaxia interminable arrastro al universo hacia la danza.

Sol tras sol derrumbé, cúpula tras cúpula destruí;
y soy como un infinito, enorme mar azul,
donde sobre mí los estrechos cielos no arropan el agua.

María Polydouri (Grecia, 1902-1930)


SÓLO PORQUE ME AMASTE

No canto sino porque me amaste
en los años pasados.
Y ya con el sol, con presentimientos de verano,
ya con lluvia y con nieves,
no canto sino porque me amaste.
Sólo porque me tuviste entre tus brazos
una noche y en los labios me besaste,
sólo por eso soy hermosa como un lirio siempre abierto
y aún conservo un temblor en mi alma
sólo porque me tuviste entre tus brazos.
Sólo porque tus ojos me miraron
con el alma en la mirada,
orgullosa me adorné con la corona
más excelsa de mi existencia;
sólo porque tus ojos me miraron.
Sólo porque me amaste he nacido,
por esto se dio mi vida;
en el triste vivir no realizado
mi vida se cumplió.
Sólo porque me amaste he nacido.
Sólo porque tan bellamente me amaste
viví para multiplicar
mis sueños, amado mío, que cual astro te pusiste.
Y así en tal dulzura muero
sólo porque tan bellamente me amaste.


SOTIRÍA

Que pase ya el día con la luz.
¿Por qué tarda tanto la noche?
En la sombra de los pinos
un sillón me espera.
Se apagarán las luces de las salas
y el sueño vendrá cual un desmayo.
Aquí una cama vacía
no produce ninguna impresión.
Se ahondará la noche en el miedo
cuando el viento llegue repentino.
El eucalipto sacudirá su cabellera
junto con los secretos de los sueños.

viernes, noviembre 24, 2006

Hilanderas


Esta noche, presentación de la antología de poesía "Hilanderas".
22:30 en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid. Calle Prado 21.
Presentan: Miguel Losada, Francisco Sevilla y Javier Lostalé.

"Hilanderas I": Pilar Adón, Eva Chinchilla, Patricia Esteban, Cecilia Eudave, Lucía Fraga, Cristina García, Esther Giménez y Ana Gorría.

"Hilanderas II": Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Elena Medel, Esther Muntañola, Marina Oroza, Antonia Ortega Urbano, Yolanda Pérez Herreras, Ángela Torrijo, Alejandra Vanessa.

jueves, noviembre 23, 2006

El apartamento (Billy Wilder)


Nunca antes dos soledades se habitaron tanto...

AA. En una esquina


AA. EN UNA ESQUINA

Aquí, al volver el sol, han confluido
mi sangre con tu sangre de noviembre:
verde seco es vasija de otro verde
seco que abarca toda la costumbre
de renacer -cenizas son los días diecinueve y cada noche
en que Saturno manda en las estrellas-

No hay lugar para ti y para mí juntos
en esta ciudad rota en la que somos
tú y yo, no lo mejor de cada uno
sino tú y yo. No hay sitio.

Hay una esquina
que, aunque lugar de citas imposibles,
es el único punto que nos queda
para que la belleza del encuentro
y el dolor consecuente a la belleza
dignifiquen al menos nuestra ausencia.

Noviembre, 1974


Aníbal Núñez

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Imagen: "Gran Vía" de Antonio López

lunes, noviembre 20, 2006

Hay ventanas que pueden habitarse



La ventanilla de un tren
puede llegar a contener el mundo en un instante.

Rosana Acquaroni


Imagen: Tren Madrid-París (septiembre de 2004)

domingo, noviembre 19, 2006

Día 2


Día 2:

Llegamos a las calles de la vida, paseamos hasta extenuarnos de ternura. Éramos eso: la luz en cada baldosa, el calor del abrazo, la belleza contemplada y generosa que se volvía nuestra mirada. Atenas es lo que éramos nosotros: la tristeza olvidada, la voz que se perdió ante la muerte. Después de un año atroz (recordamos y sentimos sin parar a Gil de Biedma) llegamos a la ciudad con el mismo llanto que se tiene ante la luz.
Atenas guardó con cuidado todo lo que le di y era mío...ella pudo nombrar lo que yo ya no podía.


Imagen: Ágora ateniense (agosto de 2006)

Brooklyn


Sin saber cómo ni por qué...estuve en el Puente de Brooklyn. Era de noche, paseaba y encontré mi nombre diminuto y olvidado al decir alguien al otro lado del recuerdo:

"Yo te espero a la luz de un pasado imperfecto. / Tú llegas por las sombras de un futuro perdido." (L.G.M)

Extrañamente exacto...

martes, octubre 10, 2006

Borrador de una carta a Adolfo Casais Monteiro

He tenido siempre, desde niño, la necesidad de aumentar el mundo con personalidades ficticias, sueños míos rigurosamente construidos, vistos en visiones de claridad fotográfica, comprendidos por dentro de sus almas. No tenía yo más de cinco años y, niño aislado y no deseando sino estar así, ya me acompañaban algunas figuras de mis sueños - un capitán Thibeaut, un Chevalier de Pas - y otros que ya se me han olvidado, y cuyo olvido, como el imperfecto recuerdo de aquellos, es una de las grandes añoranzas de mi vida.
Esto parece simplemente esa imaginación infantil que se entretiene con la atribución de vida a muñecos o muñecas. Era sin embargo más: yo no necesitaba muñecas para concebir intensamente aquellas figuras. Claras y vidibles en mi sueño constante, realidades exactamente humanas para mí, cualquier muñeco, por irreal las arruinaría. Eran gente.
Además, esta tendencia no pasó con la infancia, se desarrolló en la adolescencia, arraigó con su crecimiento, se convertión finalmente en la forma natural de mi espíritu. Hoy ya no tengo personalidad: cuanto en mí hay de humano lo he repartido entre los autores varios de cuya obra he sido el ejecutor. Soy, hoy, el punto de reunión de una pequña humanidad sólo mía.
Se trata, a pesar de todo, simplemente del temperamento dramático elevado al máximo; escribiendo, en vez de dramas en actos y acción, dramas de almas. Tan sencillo es, en substancia, este fenómeno aparentemente tan confuso.
No niego, sin embargo - hasta lo acepto - , la explicación psiquiátrica, pero debe comprenderse que toda actividad superior del espíritu, puesto que es anormal, es igualmente susceptible de interpretación psiquiátrica. No me cuesta admitir que esté loco, pero exijo que se comprenda que no estoy loco de manera diferente que Shakespeare, cualquiera que sea el valor relativo de los productos de la parte sana de nuestra locura. Médium, así, de mí mismo, todavía subsisto. Soy, no obstante menos real que los demás, menos coherente, menos personal, eminentemente influenciable por todos ellos. Soy también discípulo de Caeiro, y todavía me acuerdo del día - 13 de marzo de 1914 - en que , habiendo "oído por primera vez" (es decir, habiendo acabado de escribir, de una sola aspiración de espíritu) gran número de los primeros poemas de El guardador de rebaños, inmediatamente escribí, seguidos, los seis poemas-intersecciones resultado de la influencia de Caeiro en el temperamento de Fernando Pessoa.

Fernando Pessoa -1935

domingo, septiembre 24, 2006

FLORES AMARILLAS


Cuando se mueve la cortina al viento
soy más frágil que las flores amarillas.

Li Qingzhao


Imagen: "Flores amarillas", Henri Matisse

domingo, septiembre 17, 2006

OTOÑO


Qué haré yo en el otoño cuando arden
las aves y las hojas y si llueve
es sobre el cuerpo descubierto que arde
al agua del otoño

Qué haremos del cuerpo y de la voluntad
de someterlo al fuego del otoño
cuando el cuerpo se quema y cuando el sueño
bajo un rumor de lluvia se deshace

Todo desaparece bajo el fuego
todo se quema todo se aegura
contra el fuego y cada cuerpo vase

prendiendo al fuego raso
luego tan sólo puede
arder inmerso cuando todo arde


Gastão Cruz

viernes, septiembre 15, 2006

HUIDA


El único que huyó del tiempo en Pompeya... y alcanzó el viento para sostenerse...


Imagen: "Huida en Pompeya", Italia, agosto de 2006

miércoles, septiembre 13, 2006

MEMORIA DE LA MELANCOLÍA


Perdonadme que cuente de manera tan personal mi amor a las cosas inanimadas que se despierta en los que van a morir. Calle a calle, sobre un montón de casas rotas, se paseó la muerte. Abrieron el vientre de mi calle las bombas. La oigo llorar aún con sus cientos de ventanas golpeándose en sus quicios durante toda la noche. (...) Mi barrio se quedó lleno de hoyos enormes colmados de agua. Agua de cañerías quejándose, cicatrices en los muros, astillas, cables y hierros rotos. Los árboles tenían su cabeza el pie del tronco: en el alero, el chal de una muchacha, y un poco más arriba, sobre el techo humeante, una máquina de coser. Estrellada en la acera, una muchacha que tal vez fuese la propietaria de las tres cosas. Y no quiero hablaros de los niños. Los niños que claman porque se cierran las ventanas, los niños que no consiguen nunca olvidar el estruendo de las explosiones y se les queda dando vueltas en su cabecita sin encontrar salida...


María Teresa León: Memoria de la Melancolía.

AURIGA


¿Qué es lo que han visto los ojos de un auriga?


Imagen: Auriga de Delfos, Delfos, Grecia, agosto de 2006.

EL PARAÍSO SOBRE LOS TEJADOS


Bastaron los tejados para entender la dicha:
ese rumor de luz cayendo tibiamente sobre el mundo.


Imagen: Tejados de Florencia y el Duomo, despertando en agosto.

lunes, julio 31, 2006


CANCIÓN JÓNICA

Aunque hayamos destruido sus estatuas,
aunque los hayamos sacado de sus templos,
los dioses no han muerto por ello, en absoluto.
Oh tierra jónica, es a ti a quien ellos aún aman,
es a ti a quien sus almas aún recuerdan.
Cuando la mañana de agosto se alza sobre ti
un vigor de su vida se mueve a través de tu aire;
y de vez en cuando una figura de juventud etérea,
indistinta, con paso rápido,
cruza por sobre tus cerros.

Constandinos Cavafis

martes, julio 25, 2006

Cidade

A José Ángel García Caballero, que habitará Lisboa y buscará a Fernando y a Sophia...

CIDADE

Cidade, rumor e vaivém sem paz das ruas,
Ó vida suja, hostil, inutilmente gasta,
Saber que existe o mar e as praias nuas,
Montanhas sem nome e planícies mais vastas
Que o mais vasto desejo,
E eu estou em ti fechada e apenas vejo
Os muros e as paredes, e não vejo
Nem o crescer do mar, nem o mudar das luas.
Saber que tomas em ti a minha vida
E que arrastas pela sombra das paredes
A minha alma que fora prometida
Às ondas brancas e às florestas verdes.

Sophia de Mello

domingo, julio 23, 2006

"Lunar" de José Luís Peixoto

O brilho nas pedras do passeio. Pontos de luz tremem sobre a água fina
que a noite, a chuva, deixou sobre as pedras. Eu caminho sobre a organização
das pedras do passeio. Diante de mim, um manto de pontos de luz que se
acendem e que se apagam. A sua vida é breve. A minha vida é breve. São
pontos de luz que abrem caminhos para que avance. As minhas botas pousam
entre esses pontos de luz a nascerem, a viverem durante um instante e a
morrerem para sempre. Mil pontos de luz a morrerem em instantes
diferentes, em sítios diferentes, ignorando-se e fazendo parte da mesma
ordem. Pelos muros do jardim, escorre uma camada fina de água, pele
cristalina de cálice, água límpida como veneno. A repousar no topo do muro,
a escorrer como uma avalanche suspensa, há plantas, folhas, ramos de árvores:
braços verdes que pararam no momento em que se lançavam para agarrar
alguém que, como eu, caminhava no passeio. Também na pele vertical do
muro, também nas folhas, há pontos de luz que existem delicadamente.
Como em olhos sinceros a brilhar. Mãos cheias de pó a brilhar lançadas sobre
as pedras do passeio, sobre o muro do jardim e sobre os ramos que se atiram
do seu topo.
Uma brisa ergue-se do interior da terra e chega a mim, à consciência de
mim: o meu rosto, os meus lábios, o meu corpo tocado por essa brisa.
Caminho por entre essa brisa a passar por mim, como se atravessasse uma
multidão invisível. A brisa, ao tocar os meus olhos, transforma-se em
lágrimas que descem frias pelo meu rosto. Os meus lábios. Sinto-as e sinto a
memória das vezes que chorei o desespero parado, mais triste, de lágrimas
que descem lentamente pelo rosto. O tempo passa por mim como qualquer
coisa que passa por mim sem que a consiga imaginar e as lágrimas, que eram
apenas a brisa a tocar os meus olhos, começam a ser lágrimas de desespero
verdadeiro. Páro no passeio. O mundo pára. E lembro-me de ti como uma
faca, uma faca profunda, a lâmina infinita de uma faca espetada infinitamente
em mim. Não passou muito tempo desde que a manhã nasceu. Passou muito
tempo desde que me deixaste sozinho entre as sombras que se confundiam
com a noite. Noutras noites, olhámos para a lua. Nesta noite, não olhámos
para a lua. Noutras noites, olhámos para a lua e enchemo-nos de desejos.
Nesta noite, não olhámos para a lua e sofremos. Noutras noites, olhámos
para a lua e não sabíamos o que era sofrer. Escuridão e esperança. Na lua,
víamos mais do que o reflexo daquilo que queríamos inventar: os nossos
sonhos. Víamos um futuro que era maior do que os nossos sonhos e que nos
envolvia e que nos puxava para dentro de si. Nós sabíamos que nos esperava
algo muito maior do que aquilo com que podíamos sonhar. Estávamos
enganados. Aqui, sobre estas pedras que brilham, sob estas lágrimas no meu
rosto, sei que nos enganámos e sei a lâmina infinita de uma faca.
Lá no sul, onde nasci: o meu corpo dentro do corpo da minha mãe, sob
a sua pele, encostado aos seus ossos; lá no sul, existem casas caiadas, existem
campos, existem planícies que estão agora tão longe de mim e que, ao mesmo
tempo, estão aqui porque são a memória de algo que sei que existe. Dentro
dessa memória, na primeira vez que a lua se encheu e brilhou perfeita depois
de eu nascer, a minha mãe esperou o momento em que todas as pessoas da
casa adormeceram. Pousou sobre a mesa da cozinha o xaile com que me
envolvia e abriu portas até descer os degraus do quintal. Tinha os pés
descalços sobre a terra. Eram os últimos dias do verão. No centro do céu da
noite, a lua tinha parado na explosão da sua luz branca e gelada. Os dedos da
minha mãe eram grossos no momento em que, com ambas as mãos me
levantou no ar, sobre a sua cabeça, na direcção da lua e disse: Ò lua, ò luar,/ eu
fi-lo nascer/ ajuda-mo tu a criar. Eu era pequeno e branco. Nos olhos da
minha mãe via-se os seus braços erguidos, via-se o meu corpo dentro do
círculo branco da lua.
Nesta noite, antes e depois de nos separarmos, era essa mesma lua que
existia no céu. Como a minha mãe, essa lua existia num lugar onde não a
tentámos ver, mas sei agora que existia e saber isso é saber que o mundo é tão
vasto. Agora, neste momento, não sei onde estás. Imagino-te a fazer tantas
coisas. Imagino-te a não te lembrares de mim. Agora, longe daqui, existe a
terra do sul onde nasci. Estou parado e sei que vou recomeçar a caminhar.
Não passou muito tempo desde que a manhã nasceu. Olho para as minhas
botas e vejo uma altura de nevoeiro que começa a levantar-se do chão e a
envolver-me lentamente os joelhos. Os pontos de luz que brilham no chão
são mais vagos. E uma voz terrível e negra começa a atravessar-me. Não
distingo as palavras que diz através de mim. Lentamente, levanto o olhar ao
céu. Sobre mim, existe um lugar infinito e maior do que eu. Sobre mim, o céu
desta manhã é o espaço infinito onde pode existir tudo aquilo que existe no
meu peito. Como a sombra pálida do meu coração, distingo no céu desta
manhã, no céu luminoso e baço do meu peito, a forma branca da lua. O dia
nasceu sobre a noite e a noite continuou sob a luz cinzenta desta manhã. A
noite feita com formas de fumo e de nevoeiro. Quando ainda era mesmo de
noite e estavas ao meu lado, disseste: não podemos ser felizes. Eu desejava-te
tanto. Eu via os teus olhos através do ar da noite, sabia que estavas a meu lado
e sabia que nos íamos separar. Vi-te partir. Os teus passos a afastarem-te de
mim. Eu estava parado perante o horror, o medo. Tu afastavas-te de mim.
Entravas em casa, como se saísses para sempre de mim. Saías para sempre de
mim. O momento em que fechaste a porta: eu soterrado por todo o negro,
todo o veneno negro. Uma faca infinita. Eu a perceber que ficarás para
sempre fechada dentro dessa casa. Nunca, nunca mais poderás sair. A noite, a
rodear-me, era o lugar negro onde existiam certezas terríveis: a morte, a
morte de tudo. Entre as paredes das casas, a tua casa. Os vidros das tuas
janelas fechadas refectiam a escuridão do mundo. Os meus olhos
derramavam escuridão sobre o mundo. Estavas ainda perto de mim, olhava
para o lugar onde sabia que estavas, a casa que te continha e, no entanto,
aquela casa era um lugar escuro, um poço, era como se tivesses mergulhado
dentro da imensidão negra que existe dentro de cada um de nós. Eu sabia que
nunca mais te voltaria a ver. Eu desejava-te ainda. Agora, desejo-te ainda. Sei
que existem cemitérios. Sei que a casa onde estás, o lugar onde te imagino a
fazer tantas coisas, a não te lembrares de mim, é um lugar de destroços.
Vivemos rodeados de cemitérios. Aquilo que fomos está enterrado à nossa
volta e nunca poderemos saber onde deixámos tudo aquilo que não
voltaremos a ver. No céu, a lua é a mesma que existia quando, deixando-te,
caminhei pelas ruas desertas. Os meus passos na noite. Os meus passos e,
lentamente, o dia a nascer sobre as coisas da noite. Lentamente, a noite fixa
no seu lugar, nos objectos, nas casas, no céu, e o dia a envolvê-la como uma
capa de luz cinzenta. Esta manhã lunar. Esta manhã que é uma manhã e que é
ainda a noite. A lua neste céu branco. Pouso as pálpebras sobre os olhos.
Vapor, nevoeiro. Os teus olhos eram um caminho. Os teus cabelos eram
talvez um horizonte. Não sei como acreditámos que as palavras eram simples.
Sonhávamos e enganámo-nos. Sorrindo, mergulhávamos os lábios no veneno
quando pensámos que bebíamos o antídoto.
Abro os olhos e a manhã é igual. O nevoeiro fresco na minha pele. No
céu, esta lua branca e gelada: padrões de gelo, formas moldadas de gelo. No
céu, a imagem da eternidade. Desço o olhar e, à minha frente, as casas
fechadas, as ruas desertas e reais. Existe qualquer coisa fria na realidade desta
manhã. A cobrir as minhas pernas, o nevoeiro. A atravessar-me, uma voz.
Distingo as palavras que diz através de mim: não podemos ser felizes. Sou
atravessado por essas palavras como sou atravessado pelo nevoeiro.
Recomeço a caminhar. Os meus passos são eu e eu sou esta manhã lunar.
Caminho como se estivesse a ser, de novo, oferecido à lua pelos braços da
minha mãe. Quando era criança, temia a morte. Agora, envelheço tanto.
Temo a morte mas sei que, se tentar fugir-lhe, estarei a correr na sua
direcção. Caminho sobre as pedras do passeio. Ouço os meus passos debaixo
do nevoeiro. Fujo da morte porque quero correr na sua direcção.
A memória como uma maldição. Caímos na eternidade e a memória é
um peso, continua a prender-nos em qualquer ponto para onde nunca
poderemos voltar. Ò lua, ò luar,/ eu fi-lo nascer/ ajuda-mo tu a criar. A
memória é como a esperança da minha mãe na noite em que me ergueu à lua
e, sem saber, escolheu-me um destino. Lembro-me de quando nos
conhecemos e esse dia está debaixo do teu olhar e desta noite. Lembro-me da
minha mão pousada sobre a tua e esse instante está debaixo da palavra
solidão. Lembro-me de tantas coisas impossíveis. Agora, caminho por esta
manhã deserta. As pedras do passeio existem debaixo dos meus passos.
Ninguém, nem sequer eu próprio, me pergunta para onde vou. Nas ruas
desertas, sou uma multidão de gente mutilada a caminhar. Sou aquele que,
esta noite, te viu partir, que olhou para ti quando os teus olhos se despediram
e que não pôde fazer nada senão olhar para ti, o corpo que foi meu, e vê-lo
afastar-se, cada vez mais longe dos meus braços. Sou aquele que nasceu lá no
sul, longe de toda as desilusões, no lugar onde o passado pára, no último lugar
do passado. Sou aquele que sonhou com tudo aquilo que é proibido sonhar.
Sou aquele que é todos estes e muito mais do que estes e que caminha por um
passeio deserto, o nevoeiro, o brilho morrente da luz na água fina da chuva,
sob um céu cinzento, sob a lua como um ponto para onde tudo se dirige.
Caminho nesta manhã como se entrasse dentro de uma casa vazia, a casa que
conheci, que foi minha e que abandonei, como se subisse as escadas dessa casa
de salas mortas, cadeiras mortas, camas mortas, como se me aproximasse da
janela e olhasse lá para fora, como se uma voz negra e terrível me atravessasse.
A manhã é ainda lunar.
Nunca mais poderei deixar o meu corpo esquecido junto ao teu. O
mundo que não existia longe da tua pele. Os meus dedos a deslizarem pela
superfície da tua pele. E o desejo enganava-nos. Os meus dedos entre os teus
cabelos e a inocência. A claridade dos dias que nasciam na tua pele branca, na
forma suave da tua pele feita de silêncio. A inocência repetida em cada
palavra da tua voz, como água de uma fonte, como a minha mão a atravessar o
ar e a dirigir-se para o teu rosto. O teu olhar era a inocência. O meu olhar. E
o silêncio de cada vez que queríamos falar de assuntos mais impossíveis do
que a memória. Nunca mais poderei sonhar porque tu não estarás ao meu
lado e, descobri hoje, só posso sonhar contigo ao meu lado. Espetada
infinitamente em mim, uma faca infinita. Deixei de imaginar o futuro. Sobre
esse tempo que não sei se chegará existe um manto muito mais negro do que
aquele que cobre o passado. Não consigo olhar através desse tempo negro. O
futuro estará depois de muitas noites, mas eu deixei de imaginar as noites. Sei
que, da mesma maneira que esta noite se cobriu de manhã, esta manhã
poderá anoitecer. Consigo imaginar cada tom das suas cores a tornarem-se
negras. Não consigo imaginar este tempo a transformar-se noutro tempo.
Contigo, perdi tudo o que fui para não ser mais nada. Deixei-me ficar nos
sonhos que tivémos. Abandonei-me. Nunca mais entenderemos a lua como
quando acreditávamos que aquela luz que atravessava a noite nos aquecia.
Nunca mais. Nunca mais poderemos sonhar. Nunca mais.
O brilho nas pedras do passeio. Dentro do nevoeiro, há pontos de luz
mais grossos a brilharem. Moedas lançadas para um lago cheio de desejos.
Caminho entre o brilho. Os meus passos afastam-me de nada. Existem veios
de medo na brisa que atravesso. Linhas de medo que me tocam a pele.
Atravesso a brisa e sou atravessado por uma voz que me diz: não podemos ser
felizes. O medo. Sobre mim, o céu é o tempo do mundo. Todo o tempo de
todas as pessoas do mundo. O céu é nunca mais. A lua somos nós, aquilo que
fomos. Como a memória, a lua existe nesta manhã para nos lembrar que
existiram noites, que existiu esta noite em que nos separámos. Caminho
sobre a organização das pedras do passeio, a organização do nevoeiro.
Rodeada pelo tempo do mundo, por nunca mais, a lua somos nós.


José Luís Peixoto ( Ponte de Sor, 1974)

lunes, julio 10, 2006

Giannis Kounellis (Atenas, 1936)

MELANCOLÍA REVOLUCIONARIA

¿Cómo mantener la vida, la fuerza poética, del arte en un mundo en el que la repetición obsesiva, agobiante, de signos y representaciones ha terminado por arrebatarle su potencia inmediata, su capacidad de impacto?
La trayectoria entera de Jannis Kounellis es un intento persistente de dar respuesta a ese interrogante. Un intento en el que la memoria de la civilización, el recuerdo atesorado de la cultura mediterránea clásica, se proyecta en el arco de la utopía.
En el compromiso radical, poético y político, del artista, en una época caracterizada por el conformismo y la resignación.
La incitación artística se sitúa en un juego de presencias no ostensibles. En el mundo de la redundancia de la representación, Kounellis activa huellas: rastros, índices, indicios... de dimensiones no evidentes, pero intensamente significativas. En lugar de la representación explícita, la sugerencia del inevitable tránsito de las cosas. Cambio, metamorfosis, desaparición.
¿Cómo activar el apagado espíritu de nuestra época? La interrogación de Kounellis bucea en lo originario: los materiales del arte, en su radicalidad, han de ir hoy más allá de los géneros artísticos tradicionales.
¿Cómo elaborar un cuadro, dar forma a una estatua, en un mundo donde el lenguaje plástico ha perdido irremisiblemente su estabilidad expresiva?
El artista se convierte en un rastreador, en un arqueólogo de la experiencia vital de una civilización que hoy parece abandonada en las cenizas del olvido.
En ese rastreo, el primer registro es el de los materiales. Ahí se sitúa ya todo un campo de resonancias del eje estético primordial en la obra de Jannis Kounellis: el contraste naturaleza/cultura.
El mundo que habitamos no sólo ha hecho inviable, no operativo, el lenguaje tradicional del arte, sino que además ha colonizado de forma tan exhaustiva lo natural que lo ha hecho desaparecer casi por completo. O, a lo sumo, lo guarda y mantiene en zonas confinadas.
Se trata de un proceso que se remonta a los inicios de la modernidad. Y que fue ya tomado en consideración, en clave estética, por Friedrich Schiller en el paso de la Ilustración al Romanticismo.
En su ensayo Sobre la poesía ingenua y sentimental (1794-1795), Schiller escribió "hoy la naturaleza ha desaparecido de nuestra humanidad, y sólo fuera de ella, en el reino de lo inerte, volvemos a encontrarla en su pureza."
Una vez perdida, para volver a la naturaleza no hay vía directa, nos es necesario el rodeo a través de la cultura. Y es eso lo que marca la diferencia entre los antiguos (los griegos) y los modernos: "Ellos sentían naturalmente; nosotros sentimos lo natural".
De ahí el anhelo, la intensa melancolía, que despierta en nosotros "lo natural", cuyos signos o imágenes se convierten en puntos de referencia centrales para poetas y artistas. Con ellos, a través de sus obras en las que se cifra lo más vivo de la cultura humana, el hombre puede volver a la naturaleza.
Creo, no obstante, que para entender plenamente las resonancias de "lo natural" en la obra de Jannis Kounellis es preciso unir a la melancolía romántica el proyecto de emancipación política, revolucionaria, que tiene su inicio con Karl Marx.
Me refiero, en particular, a los Manuscritos económico-filosóficos (1844), en los que Marx destaca cómo a través de la técnica moderna, de la industria, la naturaleza se ha introducido de forma práctica en la vida humana, transformándola en profundidad y preparando el camino de la emancipación.
En consecuencia, según Marx, "la industria es la relación histórica real de la naturaleza (y, por ello, de la ciencia natural) con el hombre". Es eso lo que permite la perspectiva de una futura unficación de la ciencia natural con la ciencia del hombre. Ya que, en último término, "la historia misma es una parte real de la historia natural, de la conversión de la naturaleza en hombre."
En Kounellis, lo natural aparece siempre no como un registro ideal, sino sometido a la manipulación del hombre. Las piezas de carne dejan la huella de sangre sobre los paneles de hierro: la naturaleza destinada a servir de alimento al hombre, industrialmente "digerida" por la cultura.
Kounellis contrapone los materiales "naturales", orgánicos o inorgánicos, a los artificiales. Y así, en lugar del dibujo o el color, el mármol o el bronce, actúa con elementos dados (naturales) y otros ya hechos (artificiales).
El cuerpo de la mujer, caballos, ratas, cuervos, escarabajos, un loro: todo un conjunto de seres vivos. Pero también la carne animal, las maderas, las hojas de árbol, las piedras, el humo. Y junto a ello, hierro, cera, plomo, yeso, alquitrán, carbón, velas, bombonas de gas, lámparas, antorchas-flechas, máquinas de coser, lana, sacos, repisas, zapatos, abrigos, armarios, arcos, paneles, ventanas y puertas.
Esta somera enumeración de elementos recurrentes nos permite iluminar todo un juego de sentidos: la referencia continua, envolvente, en una larga serie de obras y propuestas, es la presencia ausente del ser humano.
El "rastro" del hombre, las huellas de su vida en la tierra, el signo que imprime sobre todo lo que manipula, fabrica o utiliza. Elementos para vivir: comer, resguardarse, habitar, comunicar, viajar... La disposición de elementos no es, sin embargo, un mero registro taxonómico.
La tarea arqueológica de Kounellis presenta, a la vez, un fuerte giro dramático, escénico. No es extraño, entonces, encontrar en ese año de 1968, tan importante en Occidente para la aparición de un nuevo horizonte de lo político, un texto de Kounellis que es una auténtica poética del teatro.
Un escrito que gira en torno a las categorías de "lo vivo" y "lo verdadero" y que, con ecos que hacen pensar en Antonin Artaud, nos habla de "lo 'natural'" y de "lo 'vivo' como autenticidad teatral".
Escribe allí Kounellis: "Se puede y se debe recomenzar a partir del propio cuerpo, tanto en lo que se refiere al actor como al espectador (lo mismo en el escenario que en la vida)." ["Pensamientos y observaciones", 1968].
En las obras de Kounellis, la disposición de los elementos es escénica: sobre ella gravita el rastro del cuerpo ausente. Y así se desencadena la implicación del espectador, a partir de su inmersión corporal y perceptiva, en la que no sólo opera lo visual, sino los cinco sentidos básicos. Los sonidos, el olor y el tacto desempeñan en sus trabajos un papel tan importante como las formas que los vehiculan.
En un segundo escalón, los sentidos despiertan asociaciones y recuerdos. Y se abre entonces el salto del sentido poético, en el que la biografía del espectador se funde con la del artista, y a través de ello con la historia de la cultura compartida.
En cualquier caso, el dispositivo escénico no supone el escamoteo del cuerpo del propio Kounellis. El artista se hace presente, a la vez, como actor y como acompañante en un juego estético que alude y reivindica el trasfondo ritual del arte.
Toda una serie de obras, en las que el vehículo es la fotografía, desvelan ese papel del creador como actor y psicopompo, acompañante en el ritual.
Jannis Kounellis: sobre la cubierta de una barcaza navegando en el mar (1969), con los labios recubiertos con un molde de oro (1972), sosteniendo en la boca un fuego encendido de gas propano (1973), con una máscara de yeso, ante una mesa en la que se disponen fragmentos de vaciado en yeso y un cuervo disecado (1973), en un collage en el que la mitad de su rostro se une a un montón de piedras fragmentariamente pintadas (1985), su pie desnudo apoyado sobre una vieja máquina de coser (1989), sosteniendo en sus labios una plancha de hierro con una vela encendida (1989), o en el cartel en el que su brazo sostiene una lámpara ante la imagen de las tareas de carga y descarga de un barco (1989).
Hay aspectos muy importantes en esa serie de imágenes del artista. En primer lugar, la utilización de la fotografía, que refuerza el carácter de índice en el mostrarse a sí mismo. Las ausencias de la mayoría de sus piezas tienen aquí el contrapeso de la presencia explícita del hombre que las creó.
Pero, en segundo lugar, lo habitual en esas fotos es la presentación fragmentaria de su cuerpo. A excepción de su figura lejana en la barcaza (1969), en el resto de los trabajos mencionados lo que se ofrece a la visión es siempre una parte o fragmento corporal.
Lo ostensible del mostrarse se determina con una presentación metonímica: se presenta o destaca una parte del cuerpo. No creo que se trate de algo accidental. Al contrario, lo considero muy signficativo para poder entender el tipo de construcción estética que intenta Kounellis.
Sabemos, y el psiconálisis ha insistido en ello, que nuestra visión de los cuerpos de los otros es siempre parcial, fragmentaria: la pulsión escópica aisla planos del cuerpo del otro, que son los que constituyen el punto de anclaje del deseo.
Y sabemos, también, que la disolución del clasicismo implica el estallido de la obra de arte orgánica, su explosión en fragmentos. El artista se muestra a sí mismo, como signo de su entrega, de su ofrenda corporal en el proceso de la obra. Pero el signo de esa presencia, en la época post-clásica, no puede ser ya el de la presencia rotunda y completa de las figuras clásicas, sino el signo de la fragmentación.
Una vez más, el rastro, la huella, aunque aquí a través de la intensificación expresiva de la metonimia, en la que una parte vale por el todo. Un todo ya inexistente o inaccesible en nuestro universo de representaciones estéticas.
Podemos también, ahora, apreciar la importancia metodológica y expresiva del collage en las propuestas estéticas de Kounellis. En realidad, el contraste naturaleza/cultura que aparece recurrentemente en sus piezas no se presenta nunca como "totalidad" expresiva, sino como collage.
El planteamiento de Kounellis evita la recaída en el idealismo, la fabulación de una unidad de la naturaleza y la cultura construida sobre "el espíritu" o la idea. Por el contrario, lo que aparece en sus piezas son partes materiales del mundo, fragmentos de la tierra habitada por el hombre.
Los materiales orgánicos e inorgánicos, lo caliente y lo frío, lo luminoso y lo oscuro, los objetos y las huellas, se articulan y confrontan no como piezas de un engranaje, sino como fragmentos "pegados" en la visión.
Una visión que, lo mismo que la memoria, rescata partes y motivos, selectiva y accidentalmente, y los mezcla en un registro abierto, expansivo.
Lo que a primera vista puede parecer accidental, está en realidad revestido de una fuerte determinación expresiva. El fragmento de madera es, a la vez, la parte vertical de una cruz, con lo que se alude, en un intenso registro polisémico, tanto a los materiales de la naturaleza como a la truncada historia espiritual de nuestra civilización.
El fragmento de la cruz, el cristianismo roto, es también un índice de la ausencia de espiritualidad de nuestro mundo. Una constatación ésta omnipresente en todo el trabajo de Kounellis, en el que continuamente percibimos la decidida voluntad de hacer patente que una cosa es lo laico y otra la ausencia de espiritualidad.
Las flores de hierro, las balanzas con polvo de café, las ánforas con agua de mar o sangre, las bombonas de gas que se prolongan en los tubos extendidos como reptiles, en el suelo o en el aire, no son "meras" paradojas expresivas: articulan lo plástico y lo alimenticio.
Muestran que en los más simples elementos materiales el hombre deposita un signo de elevación, una marca espiritual. En definitiva, Kounellis realiza de forma recurrente una reivindicación del carácter espiritual del trabajo humano que, más allá de toda mixtificación idealista, abre el camino para la comprensión de la espiritualidad latente en el mundo material, en la tierra que habitamos.
El fuego y el hierro establecen un nexo, una conjunción de lo primordial, de la que brota la luz, probablemente el material plástico decisivo, aunque con frecuencia inadvertido, en todo el trabajo de Kounellis.
En todas sus piezas, la luz articula el sentido dramático de los materiales y fragmentos. La luz, que brota de lo más profundo de la tierra. Que nos acompaña e ilumina en lo que, si no, sería un mundo de penumbras. La luz, que desde el material más humilde y diminuto del mundo, gravitando en nuestra retina, nos permite volar hacia lo alto, aspirar a la espiritualidad.
En virtud de todo ello, las obras de Kounellis rompen los límites expresivos tradicionales. No pertenecen ni a "la pintura", ni a "la escultura". Pero se nutren de ambas, de su memoria, y se funden en un proceso plástico de organización dramática, teatral, del espacio.
El resultado es un registro "envolvente", en el que, a través de los fragmentos y las piezas, signos de la humanidad, somos capaces de sentir y experimentar las grandes cuestiones de nuestra civilización: la vida, el cambio, la decadencia, la muerte, la desaparición...
El artista no engaña. En ese bucear arqueológico de Kounellis no hay lugar para el ornamento o el esteticismo. En esta época de olvido y abandonos "lo bonito", lo aparente y superficialmente "bello", es una iniquidad. Una impostura moral.
El registro estético de Kounellis es expresión de una rabia contenida, de una actitud rebelde e inconformista, que no acepta que la contienda por la configuración humana de la vida, del mundo, haya terminado irremisiblemente en la derrota.
En ese punto se sitúa el carácter intensamente melancólico de toda su obra, que el propio Kounellis ha hecho explícito al hablar de "la melancolía como propuesta" [1985]. La plenitud estética no puede presentarse como algo banalmente al alcance, so pena de caer en el encubrimiento de la opresión. La Arcadia está fuera de nuestro alcance y el arte ha de hacerlo explícito en sus propuestas: "Mis lanas, que reflejan la Arcadia perdida de vista y fuera del tiempo, se pueden adquirir, según me informan, con 150.000 latas de cerveza." ["Si la casa es cuadrada...", 1988].
Y sin embargo, aun a riesgo de que esa invocación de lo arcádico pueda ser traducida en una cantidad, comprarse, sigue siendo necesaria como compromiso del arte con la búsqueda humana de felicidad, de plenitud.
La memoria y la melancolía actúan entonces como desencadenantes de la utopía, como revulsivos para la no aceptación del estado de cosas existente. El pasado y las imágenes entrevistas de un tiempo de plenitud nos dicen que el mundo no está aún terminado.
La reivindicación de Ítaca: "Ítaca, visionaria Ítaca", la patria del retorno de Ulises pero también la imagen de lo que siempre está más allá, es en Kounellis la afirmación del espíritu de la utopía: "Así pues, contra viento, hacia el puerto donde se refugian las armonías y los paraísos, aun sabiendo que ese destino justo y deseado está muy lejos." ["Si la casa es cuadrada...", 1988].
El mar y la navegación, espacios de vida y simbolización primordiales de la cultura clásica, de las antiguas civilizaciones mediterráneas, descubren así su papel esencial en todo el universo estético de Kounellis. La vida como navegación incierta, zozobrante a veces, pero llena de determinación, hacia las islas de la felicidad.
Obviamente, pocos pensadores pueden estar más cercanos de las propuestas estéticas de Kounellis que Ernst Bloch, el gran pensador de la utopía. Pero además de la coincidencia con los principios y formulaciones centrales de la filosofía de Bloch, lo que ha llamado mi atención es su cercanía en la utilización de algunas imágenes y procedimientos expresivos, centrales para ambos.
En 1930, Ernst Bloch publicó Spuren (Huellas), un libro inclasificable, de prosa no argumentativa ni lineal, en el que a través de relatos y fábulas articulados en una especie de collage narrativo, se presenta una filosofía no ostensible, no declarativa.
Lo que Bloch muestra es el despliegue literario de un interrogante filosófico: ¿se agota el mundo de la apariencia en sí mismo, o encontramos en sus pliegues "algo" que desde dentro mismo lo desborda?
Las historias de Spuren, que conservan un sabor oral, ancestral, como provenientes de la memoria más profunda, presentan a través de un juego de presencias y ausencias, el rastro, las huellas, de ese "algo" que desborda el mundo de las apariencias y que constituye el núcleo de la autotrascendencia humana, la imagen de la utopía.
Como en Kounellis, en los relatos de Bloch hay dos imágenes que revisten gran importancia: la ventana (particularmente, la ventana roja) y la puerta.
Jannis Kounellis ha escrito: "Si la ventana enmarca un paisaje, el visionario acentúa su significado mientras dura la visión." ["Si la casa es cuadrada...", 1988].
El texto "La ventana roja" en Spuren, de Bloch, tiene el valor de un signo que se fija en la adolescencia, en ese período en que se consolida definitivamente el "yo" del sujeto.
Es una impronta que, sin brotar de un plano concreto de la experiencia: la casa, la naturaleza, o el yo, remite sin embargo al todo: "Cada uno guarda de esta época un signo, que no tiene absolutamente nada que ver con la casa, ni con la naturaleza, ni con el yo conocido, pero que, si así se quiere, lo cubre todo."
"Con la ventana como una máscara", concluye Bloch, salimos "hacia la libertad". La ventana marca un dentro y un fuera de nosotros mismos, pero marca así ante todo el paso hacia fuera, la experiencia de la libertad. A través de ella, el mundo se presenta como un territorio de disponibilidad abierta para el hombre.
Otra de las imágenes de gran densidad en Spuren es la puerta, lo que Bloch llama "el símbolo originario letal de la Puerta". Desde que alguien franquea una puerta, se le deja de ver. Desaparece de golpe, como si muriera, lo mismo que el tren desaparece tras la curva.
Este intenso motivo muestra su conexión con la actividad artística en los relatos chinos, recordados por Bloch, que entremezclan la puerta que conduce a la obra y la que conduce a la muerte.
En uno de ellos, un viejo pintor muestra su último cuadro a sus amigos. Pero cuando estos, al ver un rojo extraño en la pintura, se vuelven hacia el pintor, no le encuentran ya junto a ellos, sino en la imagen, avanzando por el también extraño sendero que aparece en el cuadro hacia la puerta maravillosa, ante la que se detiene, se vuelve, sonríe, la abre... y desaparece.
La puerta. El signo no sólo de lo que cierra, sino de lo que abre el límite de lo que nuestros ojos no ven, pero nuestro corazón anhela, presiente.
¿Por qué desde "aquí", desde el mundo de las apariencias, desde las dificultades, el sufrimiento y el dolor, nos encaminamos hacia ella? En las palabras conclusivas de Ernst Bloch: "la tierra inhabitable, con algunos símbolos de la felicidad, es una buena escuela preparatoria para los sueños reales detrás de la puerta."
Ventanas y puertas. Signos, imágenes, de la presencia humana, rastros del paso del hombre en la tierra. Y, por ello, símbolos de la posibilidad humana de ver a través y de traspasar los límites. Imágenes de la utopía.
Ventanas y puertas omnipresentes en la obra de Jannis Kounellis. Quien ha escrito: "Si la puerta tiene una dimensión humana es porque el hombre la atraviesa." ["Si la casa es cuadrada...", 1988].

Extraído del catálogo de la exposición de 1996 en el Museo Reina Sofía de Madrid.


Giannis Kounellis: "Sin título"





Giannis Kounellis: "Sin título"




Giannis Kounellis: "Coats"